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Opinión 17-05-2019 06:30

Vital Alsar, el intrépido navegante cántabro…, por Pedro Arce Díez

Vital Alsar Ramírez (Santander, 1933) nació en el castizo Barrio Obrero del Rey de Santander y aunque realizó sus estudios en Santander, haciéndose profesor mercantil, la mar le enganchó de tal manera que ha sido su medio natural de vida.

 

Realizó el servicio militar, como alférez de milicias universitarias, y las prácticas las hizo en el año 1956 en el Tercio Duque de Alba de la Legión Extranjera en el Sahara Occidental; y allí leyó un libro sobre la expedición por el Océano Pacífico de la Kon-Tiki de Thor Heyerdahl, en 1947, en una navegación de 3.770 millas náuticas (6.982 Km), alcanzando la Polinesia desde las costas americanas, y quizás esta lectura le impulsó por los caminos de la aventura y el mar.

Tras el servicio militar buscó trabajo en Francia donde permaneció tres años y varios años estuvo también en Alemania (Stuttgart y la ciudad marinera de Hamburgo), haciéndose soldador y con un bagaje en idiomas que le permitió ejercer de profesor en la Academia Berlitz de Canadá y Washington, mientras maduraba la idea de cruzar el Pacífico en una balsa, oportunidad que se vería cumplida cuando conoció en Canadá a Marc Modena, quien se convertiría en habitual compañero de viaje y así en 1966 construyó en Guayaquil (Ecuador,) con sus ahorros, una balsa de siete troncos y una cabaña de bambú –La Pacífica-, con la intención de llegar hasta las costas australianas, aunque fracasó después de 143 días de navegación, al ser atacados los troncos por el gusano de la madera y fueron rescatados por el buque alemán “Mitman”. ¡Pero no se amilanó!, pues en 1970 realizó la expedición “La Balsa”, con otros tres tripulantes, partiendo de Guayaquil y tras recorrer 8.565 millas y en 161 días de navegación, llegaron a Moololaba (Australia); y aún tres años más tarde, en tres balsas y con una tripulación de doce hombres de ocho nacionalidades, llegó desde Guayaquil a las costas de Ballina (Australia) en una travesía sin escalas de 9.213 millas y 179 días y empujados por la corriente de Humbolt. Demostró así que los hombres se habían movido por el Pacífico, al tiempo que estudió las condiciones de supervivencia en la mar y las técnicas de navegación primitivas.

 

 

En el año 1977, Vital Alsar acometió la expedición “Francisco de Orellana”, para realizar la misma ruta que abriera Francisco de Orellana cuatro siglos antes, remontando el río Babahoyo, atravesando los Andes en un viaje a pie de 800 Km. y construyeron tres embarcaciones a orillas del Napo, afluente del Amazonas, descendiendo hasta Belém do Pará, después de recorrer 700 Km. y quedar retenidos por las autoridades brasileñas, lo que impidió continuar viaje hasta España; aprovecho para recordar a los lectores de aventuras, que por este lugar pasó Juan Ignacio Pombo en su travesía aérea desde Santander a México en la primavera de 1935 y donde tuvo que cambiar la célula de su avioneta, después del accidente sucedido en Camocín, cuando realizaba la etapa desde Natal a Belém do Pará.

Al año siguiente, Vital Alsar consiguió rescatar las embarcaciones, las llevó hasta Tampico (México) y desde allí inició la expedición que bautizó con el nombre “El hombre y la mar” hasta llegar a su Santander natal, lo que hizo en olor de multitud el 7 de octubre de 1978.

Pero Vital Alsar, lleno de energía y proyectos, participa en 1982 en la construcción de una réplica de la “Marigalante”, la nave capitana con la que Cristóbal Colón llegó a América; fue el proyecto “Mar, hombre y paz”, ondeando una bandera blanca, y que tras su construcción en Puerto Alvarado (Veracruz, México), zarpó de este puerto en septiembre de 1978, arribando a Santoña (Cantabria), para rendir homenaje al cartógrafo Juan de la Cosa, propietario de la nave original. Aún esta nao tuvo nuevas singladuras, que la llevaron a Bayona (Pontevedra), Palos de Moguer (Huelva) y Sevilla y Guayaquil (Ecuador). En 1992, con motivo del V Centenario del Descubrimiento de América, realizó la travesía oceánica desde Veracruz a España y aún conmemoró las relaciones bilaterales entre México y Japón.

 

 

La última expedición de Vital Alsar la realizó hace ya una década, con un gran trimarán de madera que construyó a mano en 2009 en el puerto de Alvarado, el “Zamná”, con el lema de “El Niño, La Mar y La Paz”, que partió de Cozumel (México) con un niño maya, acompañado de su padre, y otros doce tripulantes para llevar un mensaje de paz hasta el puerto del Pireo, en Grecia, uniendo así dos culturas milenarias, después de recorrer otros muchos países del mundo. Estuvo en otros puertos, entre ellos Santander, a dónde arribó en octubre de 2009 y fue recibido por una gran multitud de santanderinos que se arremolinaban en las machinas de los muelles.

Vital Alsar ha recibido numerosos premios y reconocimientos, como el de la Sociedad Geográfica Española o el de Adena Internacional que compartió con Philippe Cousteau. Lla ciudad de Santander le erigió un monumento en la zona de Puertochico y dio nombre a un centro educativo en Cueto, lugar de nacimiento de un expedicionario, Juan de Santander, que hace cinco siglos arribó con Elcano, después de dar la primera vuelta al mundo.

 

 

Vital Alsar ha donado parte de sus balsas y barcos con los que ha navegado a la ciudad de Santander, lo que cualquiera puede visitar libremente en la Península de la Magdalena, donde también se encuentra la burbuja de mar y la sirena que era el mascarón de proa de la Marigalante. Esta misma semana he tenido la oportunidad de visitar en Oslo el Museo de la Kon-Tiki, el Museo de los barcos vikingos y el magnífico y espectacular Museo del Fram, donde se encuentra el barco polar con el que se realizaron las expediciones árticas y antárticas de los famosos exploradores noruegos Fridtjof Nansen, Roald Amundsen o Sverdrup; los tres museos de la isla de Bigdoy se encuentran perfectamente protegidos y fáciles de visitar, como también he podido observar en otros muchos museos –Museo Marítimo de Barcelona, por ejemplo- y todos se encuentran resguardados de las inclemencias del tiempo, lo que no sucede con el llamado museo al aire libre “El Hombre y la Mar” (con las embarcaciones utilizadas por el célebre marinero santanderino Vital Alsar), que se encuentra al aire libre y al lado del mar, lo que exige un costoso mantenimiento, el riesgo de que se pueda deteriorar y la dificultad de la visita con tiempo adverso y además no se pueden complementar con mapas, planos, fotos, objetos, etc., que suelen ser importantes para el visitante. Por ello, vuelvo a reivindicar un Museo donde puedan exponerse estos interesantes objetos marinos, que es parte de nuestra historia y que debemos preservar a las generaciones venideras.

Y aún le quedó tiempo a Vital Alsar para dejar constancia de sus aventuras marineras en los libros que escribió sobre las mismas y aún se recrea con sus aventuras, sus anécdotas, dificultades, recibimientos en los puertos de arribada,…

Actualmente Vital Alsar, que se ha definido como “ciudadano del mundo” y ya con 86 años, vive en la ciudad mexicana de Acapulco. Pacifista y aventurero que dijo que en la mar no existe el peligro sino solo el miedo y nos dejó aquella magistral frase de que “la fe es la barca, pero solo los remos de la voluntad la llevan”.

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