Simplemente "pelotas".
Reconozco mi absoluta aversión personal al «peloteo». No confundir, por favor, con la amabilidad, cortesía o elogio, que como dar las gracias o pedir disculpas, es virtud de quien la ejercita. Lo que más detesto son esas sonrisas forzadas y falsas, que yo las calificó de abominables.