Elecciones «mañuecas» con desconfianza. Por Jesús Salamanca Alonso
«Búscate un Hamelín o un Cid Campeador, al estilo de Juan Vicente Herrera, para que te ayude a ganar la última batalla antes de que tengas que abandonar el Pacio de la Asunción y recoger la parva».
Hoy no quiero hablar del galgo de Paiporta ni del avestruz de Adamuz. Resulta hasta una liberación no hablar de esa pareja a quienes unos llaman irresponsables y otros inútiles. Tal vez, las dos cosas les vienen como anillo al dedo o como cabezada al burro. Sí, hoy reflexionaré sobre un tolón que no gusta nada en Castilla y mucho menos en León. Demasiado figurinismo, pero pocos hechos firmes y demasiados errores veraniegos, tanto en la Sierra de la Culebra como en los fuegos leoneses. Un salmantino sin garra, sin presupuestos, sin gobierno acoplado, sin? sin? seguro que saben a quien me refiero, sin mencionarlo, de la misma forma que Rosa Belmonte y España entera supo a quién se refería sin ni siquiera nombrarla. Prueba de ello es que fue ella misma quien se puso la cabezada para sujetar las orejas y el bozal para evitar su verborrea seca, insultadora, deficiente y mal construida. Pues, eso.
Pero ese personaje, charro para más señas de identidad, al que hoy quiero referirme, seguramente a muchos les hará recordar a otros ilustres presidentes, sin corrupción ni señoras corredoras de saunas; me refiero a Juan José Lucas, la esfinge firme e hierática, y Juan Vicente Herrera Campo, la joya de la Corona castellana, burgalés recio, incluso al que fuera ministro, Jesús Posadas. En todos ellos vimos firmeza, seguridad, reciedumbre, ilusión por su tierra, deseos de mejora? ¿Qué creen que vemos en el actual, Alfonso Fernández Mañueco, además de la nada y el vacío? Al menos yo no veo nada que me incline a votarlo y por eso no votaré a la «derechita cobarde».
¿Qué tienen que ver las Cortes de Castilla y León con las de principio de legislatura? Derecha y ultraderecha gobernaban juntas, pero sin líderes firmes, fiables y eficaces. El líder ultra dejó VOX, huyó de las Cortes y quedó desangelado el Gobierno con Fernández Mañueco, haciendo un ridículo estruendoso, a la vez que la derecha más alejada del centro demostraba que no estaba preparada para gobernar y carecía de equipos de gestión. Desde entonces, la derecha ha dado patadas al balón según bajaba, pero sin presupuestos y vendida a los sindicatos sectarios de una izquierda fofa e inoperante. Y ahí llegamos.
En aquella operación, el líder socialista ?Luis Tudanca ? decidió mentir a los castellanos y leoneses con el famoso «me voy, pero me quedo», algo muy propio del felón de «Moncloaca», que es el mismo que el galgo de Paiporta y líder de la mafia criminal sanchista. Junto a aquella mentira socialista, está claro que falla la información de dentro hacia afuera de las Cortes de Castilla y León. ¿Qué han aportado los minoritarios de Ávila, Soria y León? Ellos se lo guisan y se lo comen. Al ciudadano ni pan ni agua y la información difundida por el decano de la prensa, más conocido como «Diario Vasco» (cada vez más del Norte y menos de Castilla), tardía, corta y casi nula. De la nula y mísera aportación del podemita y quiosquero leonés, mejor no hablar: mucho insulto, mucha bronca y nada de interés, siempre con tintes bolivarianos muy propios del helicoide y de la tumba caraqueña; menos mal que la ultraizquierdista de Podemos ha desaparecido y la gente es sensata, porque pagar a esa formación o votarla es como ponerse en la puerta de la catedral pucelana e insultar a los viandantes.
Sin duda, lo mejor que puede suceder con Podemos es que no tenga votos en Castilla y León para no tener representación; es la mejor forma de no hacer el ridículo a diario. El nada atractivo políticamente, Fernández Mañueco, dice apostar por los intereses de las personas y para ello,aboga por dejar a un lado las estrategias partidistas. Lo curioso es que necesita a la ultraderecha porque, según las encuestas, el PP baja dos y VOX sube seis; todo ello a costa del PSOE.
Con Mañueco no hay liderazgo ni perspectiva de futuro, al igual que no hay liderazgo en la ultraderecha. Ambos se necesitan, pero no ilusionan. Como tampoco lo hacen Por Ávila, UPL o la formación soriana. Vamos, que tenemos un panorama poco halagüeño y nada esperanzador en Castilla y en León. Agricultores y ganaderos se han hartado de ese «más de lo mismo». Y se han
desmarcado del ineficiente Mañueco y sus equipos cavernarios, desconocidos, inadaptados y sumisos a su partido. En Castilla hay partitocracia, pero no democracia, igual que en España.
Castilla y León tienen pendientes sus revoluciones particulares para las que no hay perspectivas a corto plazo. La torpeza del presidente de la «derechita cobarde» pasa por rifar beneficios en víspera electoral. No es de recibo que prometa gratuidad en primero de carrera para todos estudiantes porque eso no lo puede hacer ni la comunidad lo soportaría. Cada día se parece más el presidente pepero a su homólogo monclovita, pero sin corrupción, comisiones ni mordidas ni latrocinio conyugal. Al menos hay limpieza y honradez, pero no es suficiente porque Castilla se muere y León puede acabar por la misma senda.
«Voy a exigir a Vox ?dice Fernández Mañueco?que, si hay acuerdo, lo sea para toda legislatura». Mal empezamos si damos por cazado al oso antes de disparar y derribarlo. El cuento de la lechera nunca ha funcionado y esta vez tampoco va a funcionar. Al tiempo. Me parece muy bien que el presidente más despreciado en la historia de la comunidad esté orgulloso de sus logros, pero parece no recordar que el mantenimiento de algunos de ellos depende de que haya presupuestos. Esos, que él llama logros, son el chocolate del loro.
Voy a terminar porque tenemos todo un mes para reflexionar sobre el fracaso del desdeñado, Alfanso Fernández Mañueco. Habla de logros, pero son todos ellos insuficientes. Veamos: tiene varias asignaturas pendientes desde hace dos años y es que no tiene presupuestos. Además, está por ver si se puede mantener el «Buscyl», así como las ayudas a la natalidad y a las personas mayores. La medida que toda la ciudadanía reclama es la desaparición del mantenimiento económico de esos sindicatos, que cada vez tienen menos representación, menos credibilidad y más dinero: este atropello fue subsanado con VOX en el Gobierno, pero Mañueco se acongojó y los volvió a forrar cuando la ultraderecha abandonó el Gobierno regional.
¿Alguien puede entender que los sindicatos sectarios y de clase vivan de los presupuestos o del dinero público de la comunidad? En fin, Mañueco, búscate un Hamelín o un Cid Campeador, al estilo de Juan Vicente Herrera, para que te ayude a ganar la última batalla antes de que tengas que abandonar el Palacio de la Asunción y recoger la parva. Contigo, Mañueco, será la primera comunidad que quede en ridículo ante las huestes socialistas y no pueda presumir de mayoría. Doy
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