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Opinión 08-02-2020 07:00

Los Recio, un siglo de queseros…., por Pedro Arce Díez

Ya en el año 1880, el francés Claudio Napoleón Boffard crea en la capital campurriana La Reinosana, la que es la primera fábrica española que produce quesos de tipo extranjero: el Port Salut, Montes Claros, Ebro, Brie, Neufchatel y Camembert

 

Pocos años más tarde, en 1891, entró en la empresa de Reinosa el joven Claudio Recio Mediavilla, que había nacido en Aguilar de Campoo (Palencia) en 1873, y quien pronto aprendió el oficio de quesero.

 

 

En 1894, Claudio Recio Mediavilla, con el oficio de quesero bien aprendido, instala una fábrica de quesos en Villaverde de Pontones, ayudado de un francés, también diestro en el oficio, aunque antes había tenido una fábrica de alpargatas en este mismo lugar. Y dos años más tarde, en 1896, se traslada a Liérganes para montar una quesería en el barrio de La Vega en 1896, donde se enamora de una de las proveedoras de leche, Elvira Cobo Cobo, con la que se casa y creó una dinastía de maestros queseros; poco después se instala en el mismo Liérganes y se convierte en el pionero de la elaboración de queso de esa localidad, aunque según la España Geográfica de Mellado del año 1845, ya se hace referencia a que en Liérganes “hay granjería y tráfico de ganados y fabricación de quesos en abundancia”.

Claudio Recio elaboraba un queso con poca maduración y ya con las características propias del queso de nata, en formatos de 300 gr. y 2 Kg. y también mantequilla en pastillas de ¼ Kg. Estos quesos y la mantequilla lo vendían en Liérganes y alrededores y también lo introdujo en Santander, llevándolo en un cuévano con cesteña la propia Elvira al mercado y también se vendía en las tiendas de “La del Manco” (De Luisa López, Vda. De Ceballos), “La Barata” de los hermanos Aldasoro y “La Conchita” de Federico Aldasoro, afamados establecimientos de ultramarinos de la época; el monumento a la quesera que se encuentra en la Plaza de la Esperanza de Santander, es un homenaje a las queseras que, como Elvira, venían a Santander a vender sus quesos. En su quesería de Liérganes utilizaba tres calderas de hierro estañado de 120 l., que calentaba con leña y carbón y era un trabajo totalmente manual. Según la Estadística Comercial e Industrial de la provincia de Santander de 1909, la quesera de Liérganes, que utilizaba la leche fresca de las ganaderías cercanas, “elaboraba anualmente unos 500 quesos y el suero resultante se empleaba en la cría de cerdos” que también poseía.

Aún recuerda su nieto, Carlos Recio Quintana que en los primeros años del siglo XX participaron en un certamen en Madrid, consiguiendo un Diploma, que acreditaba la calidad del producto que elaboraban.

Su hijo, José Recio Cobo, continuó la tradición familiar en 1928 y siguió fabricando el mismo tipo de quesos, hasta que en 1942 se implanta la prohibición de hacer quesos y se reconvierte, dedicándose a concentrar leche y enviarla a La Lactaria Española de Barcelona. Falleció en 1953 y su viuda e hijos (José, Joaquín, Gabriel, Manuel, Claudio, Elvira, Carlos, Esteban y Elena) siguieron con el negocio, enviando leche concentrada a Barcelona y en ollas a Madrid, vendiéndose en los despachos de leche de la capital de España, hasta que las nuevas normas sanitarias prohibieron este tipo de venta, surgiendo las centrales lecheras.

Hacia el año 1960 instaló en Liérganes una pequeña torre para elaborar leche en polvo, con una capacidad de 1000 litros/hora, que se envasaba en paquetes de ¼ Kg., ½ Kg. y de 1 Kg., para su venta; en 1965 se fusiona con Lácteas Reunidas, S. A. de Madrid y esta planta se convertirá en un centro de recogida de leche de la Central Lechera Gurelesa de San Sebastián, ya bajo la dirección de uno de sus hijos, Manuel Recio Quintana, que más tarde, se integrará en el grupo vasco Iparlat. Y en Valle de Villaverde tenían un centro de recogida.

 


Otro hijo de José Recio Cobo y, por tanto, nieto del pionero, Claudio Recio Mediavilla, Carlos Recio Quintana (Liérganes, 1939), con quien he tenido la ocasión de hablar, siguió la tradición familiar quesera en Villaverde de Trucíos, donde primero tuvieron un centro de recogida de leche y después instaló una fábrica de leche concentrada, que elaboraba diariamente unos 10.000/12.000 l. de leche al día, que recogían por toda la zona este de Cantabria y Vizcaya. Esta fue la época en que se casó con una joven del lugar, cuya familia regentaba el bar de la localidad y es la razón por la que se afincó en Valle de Villaverde y donde ha creado una familia. Después instaló una fábrica de quesos, para lo también adquirían la leche en las zonas limítrofes de este lugar, elaborando diariamente entre 3000-4000 l. de leche diarios. Era un queso industrial, de leche de vaca, madurado, sin corteza y de forma rectangular, tal como le describía Manuel Arroyo. Pero la entrada de España en la Comunidad Europea y las nuevas exigencias legales, les hizo desistir de modernizar la fábrica, cesando en la actividad y concentrándose en el negocio familiar de la hostelería.

Pero Carlos es una persona inquieta y participativa y se le invitó a participar en el mundo de la política, allá en los albores de la Transición; se presentó como concejal en las listas de UCD en 1979 y, tras la muerte inesperada del alcalde elegido, acabó siendo alcalde del municipio, que entonces se llamaba Villaverde de Trucíos y hoy es Valle de Villaverde.

Actualmente esta familia, ya en su 5ª generación, se dedica al mundo de la hostelería y se ha iniciado en el negocio vinícola, con la marca Casona Micaela, ya con Carlos Recio, que es bisnieto del fundador de la saga quesera, Claudio Recio Mediavilla, y que elabora uno de los mejores vinos de Cantabria.

Esta familia quesera ha estado casi un siglo dedicado a la elaboración de quesos, de lo que pocos queseros de Cantabria podrían presumir, a excepción de los queseros de “Peña Pelada”, también originarios de Liérganes o La Trapa en Cóbreces.

 

 

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