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Opinión 11-11-2018 07:00

Pelayo…

A veces nos relacionamos con personas y no valoramos suficientemente su calidad humana; eso me ha sucedido a mí con este interesante y poco conocido, para mí, personaje, Joaquín Pelayo Salas (Soto de la Marina, 1946), hoy afincado en San Román de la Llanilla. Todo el mundo le conoce por Pelayo y sus apellidos denotan/desvelan orígenes de la Cantabria interior y el mundo pasiego y de la costa de nuestra región.

 

Pues Pelayo ha destacado especialmente en dos ámbitos, allá en la época de su juventud, medio siglo atrás…

El primero de ellos, recorriendo y compitiendo en los caminos de los años sesenta, como ciclista, tanto en la categoría juvenil en la temporada 1963-64 como amateur en la temporada 1965-66. Fue seleccionado como componente de la Selección Cántabra de Ciclismo, consiguiendo numerosas e importantes victorias, tanto en Cantabria como fuera de nuestra región, entre las que podríamos citar la vuelta a Palencia, Zamora o Asturias, sobresaliendo su victoria en la 1ª etapa del Cinturón de Barcelona, siendo en varias ocasiones nominado y premiado por la Federación Cántabra de Ciclismo por sus éxitos conseguidos en diversas temporadas y teniendo como compañeros a ciclistas que más tarde serían figuras internacionales, como González Linares, Pérez Francés, Gonzalo Aja o José Manuel Fuente, “El Tarangu”.

Cumplió el servicio militar en el reemplazo de 1967-1968 y en el Ejército del Aire, en la 55 Escuadrilla, que tenía su base en el Aeródromo de Villafría (Burgos) y más tarde fue destinado al Aeropuerto de Parayas, en el destacamento que el Ejército del Aire tenía en el aeropuerto de la capital cántabra, época en la que dirigía el mismo el coronel José Jiménez Freile.

 

 

Quizás la circunstancia de haber hecho la “mili” (el servicio militar) en el Ejército del Aire fuera el resorte que le llevó de la tierra al aire y cuando tuvo la oportunidad, no la desaprovechó. Y, probablemente, aquí surgió esta nueva afición, que le llevó a surcar los cielos, como piloto de aviación, pues se hizo piloto de la mano de Paco Vidal y después se ha pasado varios años volando por los cielos de Cantabria y España, observando muchas de las carreteras por la que pedaleó sudando el maillot, pilotando la Jodel EC-BDR. Incluso fue acompañante de los helicópteros que actuaron en varias misiones, una de las cuales fue con aquella ocasión en que participó en el rescate de Lastra y Arrabal, allá en los Picos de Europa, en febrero de 1970. En otra ocasión, estuvo a punto de subir a aquel helicóptero que despegó de Colindres y se estrelló al sur de nuestra bahía, llegándole a dar por fallecido.

Título de piloto aviador con el nº 4.509 del RACE, emulando a los Pombo, Hedilla, Cayón, etc. que le habían precedido medio siglo antes. Fue socio del Real Aero Club de Santander, con el nº 262, uno de los primeros que se crearon e España y que tuvo una larga historia que se remonta al año 1913 y que hace décadas tuvo una gran proyección en Santander, especialmente en los años en que estuvo instalado en los bajos del antiguo hotel Bahía.

Hablar con él es una delicia, pues cuenta multitud de anécdotas que le han sucedido en su vida nada anodina, ya sea del mundo del pedal, del mundo aéreo o de otros campos por los que se ha movido…

Más tarde, su vida profesional se encaminó por algo que dominaba muy bien, quizás por sus dos anteriores ocupaciones o aficiones, porque Joaquín Pelayo siempre ha hecho lo que le gusta y a veces eso ha sido su profesión; este objetivo deseable para todos, cuando se cumple da satisfacción a una vida entera, como es el poder hacer y vivir de aquello que a uno le gusta. Y lo que le gustaba a Joaquín era la mecánica, con un taller que ubicó en San Román de la Llanilla, conocido en su entorno más inmediato e, incluso, en otras comarcas, dada la notoriedad que había adquirido en la tierra, con su bicicleta, y en el aire, con sus aeroplanos.

Y Pelayo también formó una familia; casado, con hijos y nietos, le completan su satisfacción personal, junto a los cuales disfruta enormemente.

Probablemente, su insaciable inquietud por explorar nuevos caminos y su intensa vida deportiva le ha impulsado a ser un viajero impenitente y aun actualmente no tiene ninguna pereza para ponerse al volante y hacer largos viajes que a algunos quizás nos resultasen pesados y arriesgados; lo que sucede es que Pelayo tiene una piel dura, un espíritu joven y la osadía para seguir bebiéndose la vida a sorbos. Y esta filosofía es la que se tiene que poseer en la jubilación, haciendo aquello que quieras, cuando quieras y como quieras y Joaquín lo está cumpliendo con creces, con una huerta, que cultiva con mimo y que ésta le responde con generosidad, lo que a algunos nos provoca sana envidia.

Hoy nuestro amigo Pelayo disfruta de una envidiable jubilación, dedicado a aquello que más le gusta, especialmente la relación con sus muchos amigos que ha ido atesorando por los andurriales por los que ha transitado; yo suelo ser testigo y actor de su hospitalidad, que siempre lo hace generosamente en la mesa, donde se degustan sus exquisiteces y se goza de la tertulia distendida.

 

        

Dos imágenes de ciclistas cántabros entre los que se encuentra Joaquín Pelayo. A la izquierda, L. Monroy, Pontón, Ángel Ibáñez, Mesa, Cadavieco, Fernando Expósito y Joaquín Pelayo; sentados, Alfredo Peón, Linares, A. Mantecón y Gonzalo Aja. En la de la derecha, Antonio San Miguel, Heliodoro Rodríguez, Joaquín Pelayo, M. González, Pérez Francés, Fernando A. Gómez Manzano, B. Pondal y Fernando Expósito.

 

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Comentarios(4):

Angel - 11-11-2018

No hay palabras que describan como es Joaquin Pelayo. Una de las mejores personas que conozco.

paco - 10-11-2018

Bonito homenaje a Pelayo.

Tito - 10-11-2018

Una gran persona y una familia muy queriada por la mia , sin duda

Paco - 09-11-2018

Precioso el articulo por lo atinado y lo entrañable del mismo, grande Pelayin, una persona de las que merece la pena conocer y gozar de su amistad.