INTELIGENCIA ARTIFICIAL Y CRISIS DEMOCRÁTICA Por Juan Goti Ordeñana Catedrático jubilado de la Universidad de Valladolid
La IA, como tecnología avanzada va a desempeñar un papel importante en las futuras democracias, tanto para las elecciones que deberían ser libres y justas, como en el desarrollo de la legislatura. Y probablemente lo más dañino sea el abuso de la tecnología para imponer ideologías, y vigilar a los ciudadanos.
Ha surgido la Inteligencia Artificial (IA) en unos tiempos que creemos tener regímenes democráticos, y conviene examinar cómo se pueden relacionar. Hay un consenso generalizado de que la IA va a configurar el futuro de la humanidad de un modo decisivo y, se puede decir, que sugiere interrogantes críticos sobre la democracia en todo el mundo. Ahora el debate sobre la relación de la IA y la democracia se ha de centrar en los efectos indecisos sobre el sistema de gobierno democrático, pues marca un futuro incierto.
Los graves efectos de la IA en la democracia derivan de la naturaleza de esta y de la concepción de la IA. La tecnología del IA no es neutral, ya que su ser está integrado en la sociedad que lo crea. La IA va estar condicionada por la naturaleza de los negocios que triunfen en la sociedad, pues va a estar determinada por los creadores que la van a potenciar para adquirir los mayores beneficios. La tecnología del IA va a redefinir aspectos interesantes de nuestro sistema político, y la supervisión del Gobierno y el Parlamento va a cambiar por la influencia de las redes sociales. Algunos aspectos pueden salir del control de la regulación del Estado.
Por otra parte, vemos que el gobierno de la sociedad democrática, cada vez más, quiere dominar los datos y el relato, y podría conseguirlo con la tecnología de la IA, y bajo su influencia tomar decisiones para la sociedad. La tecnificación a la que ha llegado no es neutral, sino de carácter político, y, hasta ahora, sin mirar al beneficio de los ciudadanos. El gobierno, valorado por influencia de la IA, tenderá a limitar la toma de decisiones en cuestiones serias como los objetivos y valores de la sociedad. Aunque el gobierno debe considerar que en su toma de decisiones debe hacerlo teniendo en cuenta el bien común, no por decisión de la programación de IA, sino porque esto debe hacerlo con una voluntad política, previa deliberación democrática.
La IA muestra graves problemas respecto a la democracia, debido a que se trata de una tecnología particular y su despliegue puede darse tanto en el ámbito privado como público. Si la IA es de elaboración privada producirá crisis de la democracia, y si es publica, puede el gobierno condicionar de tal manera la sociedad que la prive de libertad y condicione, según las líneas que marque, la dictadura del poder. Se encuentran experiencias de la dictadura del relato, que han pretendido marcar un nuevo autoritarismo.
La IA, como tecnología avanzada va a desempeñar un papel importante en las futuras democracias, tanto para las elecciones que deberían ser libres y justas, como en el desarrollo de la legislatura. Y probablemente lo más dañino sea el abuso de la tecnología para imponer ideologías, y vigilar a los ciudadanos. Sobre ello, ya tenemos el primer ejemplo, en el Gobierno chino, en colaboración con las empresas de IA, ha utilizado la tecnología para vigilar a los ciudadanos, incluso el seguimiento de las personas mediante su ADN. Amen de esto, ha establecido el denominado «sistema nacional de crédito social», en el que reúne información sobre personas y empresas, para conocer sus acciones, y clasificarlas de aceptable o no, y señalar a los disidente o subversivos.
Este sistema de control, no se ha limitado al Gobierno chino, también otros gobiernos, la han elegido con votación democrática, y han iniciado este control digital para controlar a las opiniones críticas y a la oposición. No hay duda de que los Gobiernos están gastando, cada vez más, en la investigación de la IA, con una clara perspectiva de futuro, pues es un plan amplio para el porvenir, y lograr una vigilancia y control total de la sociedad, y poder marcar la dirección ideológica de la sociedad, y las agendas de acción política, dejando aparte las utilidades que puede tener para la promoción de la industria. Al tiempo que deja abandonados las utilidades que se podrían seguir para el bien común.
La idea de la ciudadanía puede ser amenazada por esta tecnología. La capacidad de acción tanto particular como colectiva, puede cambiar profundamente, y puede influir en la capacidad y espacio del razonamiento moral, con lo que afectaría el bien común que debe pretender el gobierno. Observamos que está desapareciendo el espacio público real, erosionado por los medios de información, pues vemos multiplicarse teorías conspirativas y afirmaciones de bulos, que constituyen veneno para el buen conocimiento de la realidad, y dañan el debate razonado en el que debe basarse la democracia.
La IA se va a convertir en un medio para la formación de ciudadanos, y no se puede asegurar que sea siguiendo las normas de una buena información, sino que, más bien, va ser cauce para promover intereses espurios, con lo que se seguiría un deterioro de la inteligencia y de la capacidad de pensamiento crítico, ya que le proporcionará un alimento con contenidos de baja calidad, que es la senda que amenaza a la inteligencia humana. Tenemos conocimiento de cómo en centros oficiales se ha limitado la formación en la cultura del humanismo, y se enseña una historia dirigida a los intereses de ideologías destructivas de la cultura del pueblo.
Nuestro análisis pone de manifiesto la complejidad y la gravedad de la situación, así como la urgencia de tomar medidas para llegar a una auténtica democracia. Va a ser urgente y necesario revitalizar a la ciudadanía, reformar la enseñanza, y que el Gobierno tome una buena línea de acción, y una buena orientación de Gobierno, y que sepa encauzar la IA, con el fin de alcanzar un alto nivel de democracia.
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