¿QUÉ CONOCEMOS DE CHINA? Por Juan Goti Ordeñana Catedrático Jubilado de la Universidad de Valladolid
Vistas las noticias que diariamente se publican de China, nos lleva a preguntar ¿Cómo es ese país? Él cual le hemos visto como un Estado tradicional, enormemente grande y muy alejando de nuestro mundo occidental. Nos han contado, que el capital de occidente se iba a China a producir a bajos costes, lo que luego se vendía entre nosotros, como gran producción.
Vistas las noticias que diariamente se publican de China, nos lleva a preguntar ¿Cómo es ese país? Él cual le hemos visto como un Estado tradicional, enormemente grande y muy alejando de nuestro mundo occidental. Nos han contado, que el capital de occidente se iba a China a producir a bajos costes, lo que luego se vendía entre nosotros, como gran producción. Lo veíamos como un país inmenso, significado por la desigualdad de clases, nos imaginábamos caótico, contaminante porque no tenía las limitaciones de nuestras fábricas, al mismo tiempo veíamos que se abrían diariamente tiendas de productos chinos a bajos precios, y donde se podía encontrar todo tipo de objetos imaginables.
Esta labor comercial soterrada de las tiendas chinas, no nos había llamado la atención hasta que Norteamérica de Donal Trump, empezó una guerra comercial, que despertó el interés por conocer la situación de la geopolítica, que se había ignorado en Europa, hasta que hemos advertido que nuestra industria iba descendiendo hacia la nada, al aplicar aquí las nuevas políticas de izquierda del programa de 2030.
Parece que los políticos europeos han empezado a advertir, que puede ser un ente económico problemático para la industria de este continente, mientras nuestro presidente Pedro Sánchez, inconscientemente, se ha adherido a la avalancha china, frente a las demás naciones europeas, que han visto la problemática que puede suponer un gran Estado chino. El modelo político chino, probablemente una remodelación de la experiencia de la Rusia soviética, con una gran suavidad ha penetrado en el modelo liberal de occidente, al menos en su referencia económica, pues el aspecto social no vemos que muestre reformas.
Comprendiendo a China, que es nueva en nuestra política, y que se ha asomado sin ninguna algarada y con cierta humildad al mundo comercial, a la vez que se va desplegando con variedad de estrategias para formar una imagen y percepción de cómo ha de ser su modelo de relaciones, tanto en expresión mediática, como diplomática. Son significativos los caminos que ha tomado en su programación económica, lo ha hecho sin llamar la atención, creando una imagen seductora, y que es legítimo en su sistema político. La línea central de su desarrollo económico va unido al programa de «La Nueva Ruta de la Seda». Es la actividad más ambiciosa para su expansión exterior que se ha proyectado para el siglo XXI.
Merece especial reflexión «La Nueva Ruta de la Seda», oficialmente llamada «Iniciativa de la Franja y Ruta» (BRI), que ha cambiado totalmente el sistema comercial que tenemos en Occidente. Se propone mejorar las relaciones comerciales globalmente. El método es mediante inversiones en infraestructuras, que espera elevar el nivel de los
pueblos, pero introduciendo y fortaleciendo su influencia en el mundo. Fue lanzada por China ya en 2013, proyectando programas para Asia, África y Europa, ofertando una red de infraestructuras de muy diversos aspectos: ferrocarriles, carretas, puertos y otros tipos de acciones. El plan es promover un amplio comercio internacional y desarrollo económico, bajo las alas protectoras del Estado Chino. Más de 150 países ya han firmado acuerdos para participar en este proyecto, con lo que China ha ampliado su influencia económica y política en muchas regiones de África y América Hispana, donde muchos Estados han firmado memorándum de entendimiento con China.
Cuando uno observa la actuación de China, advierte que es algo distinto de la forma de comercio que conocemos, es un comercio sin ruido, y descubrimos que quiere que sea aceptado con gusto, que el mundo le contemple con buenos ojos. Para ello invierte enormes cantidades de dinero y energía en crearse una imagen internacional que sea aceptada por todo el mundo. No actúa con improvisación, sino que es un programa muy pensado y hecho con esfuerzo. Con ello consiguen crear una imagen de China nueva y aceptable por todos los pueblos.
Ha creado, también, medios de promoción del pueblo chino. Para ello trabajan los Institutos Confucio, extendidos por todo el mundo. Enseña chino que, a la vez, es una apertura a la cultura china, para que la veamos como un país antiguo y sabio, a la vez que fascinante. Tiene sus cadenas de televisión, que no noticiarios, al tiempo que proyectan la China actual moderna, en vanguardia de la técnica, y mostrando su superioridad en estos momentos de grandes adelantos técnicos. Después aporta becas y ayudas a estudiantes y a eventos culturales con lo que muestra la cultura China y el provenir de su futuro.
Mientras Europa, cuna de la cultura occidental y de los avances de investigación se muere, a los mejor, demostrando su vejez, China con los elementos que ha descubierto, asumidos de la cultura europea, está dando un nuevo cariz a las relaciones económicas y políticas del mundo. En estos momentos China se esta mostrando como una alternativa, en contraste con lo que es tradición secular de Europa, y han empezado a hacer una gran nación, Víctor García, Ingeniero de Telecomunicaciones, cuando llegó allí de visita, describe cómo la encontró: «Desde el primer control en el aeropuerto sentí la presencia del Estado chino: cámaras por todas partes, verificación facial, procedimientos que verificaban cada movimiento. En las autopistas, los arcos de vigilancia captaban cada matrícula; en las estaciones de tren, tener un billete no bastaba, había que mostrar quien eras, quedar registrado en un sistema. Esa mezcla de percepciones me acompañó todo el viaje. Y entendí, que China no sólo sorprende por lo que avanza y a la velocidad que lo hace, sino por la forma en que controla cada detalle de la vida de las personas».
Europa, que ha sido la base de los avances técnicos, entre tanto, se embebe en una cultura woke que niega hasta el ser persona, y va muriendo, contemplando un país como China, que no sabemos a qué límites nos puede llevar en el control de la persona, tan lejos de la libertad que hemos tenido como suprema bandera de la convivencia social.
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