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Opinión 07-09-2026 07:25

FRANCISCO DE VITORIA Por Juan Goti Ordeñana Catedrático jubilado de la Universidad de Valladolid

Al iniciar el año universitario vamos a recodar lo que fue aquel de 1526: «En la Escuela de Salamanca, de cuyo inicio celebramos este año su quinto centenario, se fraguaron los valores que luego aparecieron en las Constituciones de los pueblos de la cultura Occidental».

 

 

Al iniciar el año universitario vamos a recodar lo que fue aquel de 1526: «En la Escuela de Salamanca, de cuyo inicio celebramos este año su quinto centenario, se fraguaron los valores que luego aparecieron en las Constituciones de los pueblos de la cultura Occidental».

El maestro que inició el movimiento, que supuso la Escuela de Salamanca, fue Francisco de Vitoria, nacido en Burgos y emparentado con la familia judioconversa de Alfonso de Cartagena, destacado obispo de Burgos. Ingresó en 1505 en el convento de San Pablo de dominicos de Burgos, donde adquirió una primera formación humanista. En 1508, fue a la Universidad de París, donde estudio teología, y desde 1513 dio clases de artes, filosofía y teología en el colegio de Saint-Jaques, y obtuvo el doctorado en Teología en 1522. Volvió a España, e inició su enseñanza en el Colegio San Gregorio de los dominicos de Valladolid, en un magnífico edifico renacentista. Hasta que, en 1526, ganó la catedra de prima de teología en la Universidad de Salamanca, donde creó una escuela de destacados autores hasta su muerte en 1546. De su carácter tenemos el testimonio de pensador contemporáneo español Juan Luis Vives en una carta a Erasmo de Roterdam: «Recuerda que más de una vez defendió tu causa en París en diferentes asambleas de teólogos. Es en esas argumentaciones de escuela muy perito. Ya de niño viene cultivando con éxito buenas letras? así como es agudísimo de ingenio, es de carácter tranquilo, y hasta un tanto tímido».

Eran momentos de renovación de la enseñanza, que había iniciado, en 1508, Cisneros en Alcalá, con una promoción de estudios: con la Biblia Complutense, con la publicación de la primera gramática de Nebrija, y con unos estudios de Teología abiertos a todas tendencias. Con lo que se introdujo el nuevo método de estudios de teología en Alcalá, exponiendo a la par las tres escuelas medievales: tomismo de Santo Tomas, escotismo de Duns Escoto, y el nominalismo de Guillermo de Ockam.

Pero fue con Vitoria, con quien encarnaron las nuevas tendencias en Salamanca, que habían de afectar a los estudios de teología y del derecho. La teología, con la introducción de la Summa Theologiae de Santo Tomás Aquino, como texto básico. Esta apertura de los estudios de la teología, llevó a Vitoria y su escuela a aplicar las ideas teológicas a la realidad política que se daba en aquel tiempo del descubrimiento de un nuevo mundo. Partió de la idea que el cristianismo tiene del hombre, y exigió aplicarlo en toda profundidad. Desde el primer momento presentó el fundamento de su enseñanza: «todas las discusiones teológicas no son siempre de carácter didáctico, sino que hay muchas de carácter demostrativo, esto es, no para investigar sino para aplicar... y como aquellos bárbaros (los indios descubiertos) no

están sometidos a nuestro derecho positivo y por tanto sus cosas no deben ser sometidas a las leyes humana, sino a las divinas, en las cuales los juristas no son bastante competentes para definir por sí mismo semejantes cuestiones».

La labor de la Escuela de Salamanca siguió la lógica interna de la racionalidad cristiana, que caracteriza a la cultura occidental. Donde la reflexión teológica, con una comprensión integral del hombre, ha llevado a crear una sociedad racional, universal y desacralizada. Esta visión omnicomprensiva no borra los perfiles característicos, sino que marca, por contraste y con rigor intelectual, la singularidad de Occidente, a la par que la universalidad de su cultura. Con ello se ha descubierto «la dimensión inédita de la historicidad humana».

La adhesión de Vitoria al Derecho natural, establecido por Dios en la naturaleza, le abrió un amplio campo de investigación jurídica, con lo que vino a enunciar principios de derecho que el positivismo no había descubierto. Su idea teológica del hombre le llevó a la afirmación de que todos los seres humanos son iguales y nacen con los mismos derechos. Principio que formuló ante el hecho de encontrarse con seres desconocidos hasta entonces, y que considerado desde la teología cristiana eran iguales a los de occidente, idea que asumida por los principales ideólogos políticos ha venido a ser la idea eje de los estudios jurídicos, y es considerado como uno de los estudiosos de la teoría política más importante de la historia de Europa.

De la consideración religiosa del hombre se dedujo la nueva idea que salió de su escuela, y que es la base de la política moderna: que, aunque el poder viene de Dios, Dios otorgó la soberanía al pueblo, y que es el pueblo, en cada momento, quien confía la gobernación de la sociedad a unos dirigentes, para que actúen en beneficio del bien común de la comunidad. Elemento asumido por la Constitución norteamericana, le sirvió para independizarse de la metrópoli inglesa, y que ha sido asumida normalmente por las constituciones occidentales.

Otra de las intuiciones de Vitoria es la teoría que establece los derechos subjetivos, que constituyen la base para el reconocimiento de los derechos fundamentales y, en general, las teorías del derecho posterior. Fue quien hizo descender el abstracto concepto de derechos sociales y políticos desde la espera ideológica en el que solían considerarse, en cuanto correspondían a las personas por pertenecer a una cultura o a un grupo social, a que la titularidad del derecho fuera por ser un sujeto humano individual. Su doctrina se halla en que «hay en todo hombre, más allá de las diferencias de fe, estatuto o moral, una naturaleza única, de cuyo fondo, sin variaciones, proceden los derechos subjetivos».

En este tiempo se pasa de la consideración de cuerpo místico a la idea de cuerpo social, momento en el que se elabora el concepto de Estado como una composición del rey, como persona y como cabeza unida con el cuerpo social, y que va a servir para traspasar la soberanía de Dios a la de la persona jurídica del Estado. De modo que la soberanía que se afirma del Estado no sea más que la secularización de la soberanía divina, de aquí las notas que se le atribuyen: plena y absoluta. Nuestros

teólogos llegados a este punto de la evolución, explican esta secularización radicalmente partiendo del orden natural, de donde han deducido los derechos de los individuos y de los pueblos. Por lo que dieron cauce de la normalidad para que las sociedades caminasen hacia la secularización de la política y de la sociedad.

Estas ideas tan normales hoy día, fueron elaboradas por los teólogos de la Escuela de Salamanca, y aportaron el cambio del derecho, base de las modernas ideas políticas de las naciones, incluidas en las Constituciones.

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