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Opinión 03-09-2026 06:18

La estrategia de Marruecos. Por Carlos Augusto Carrasco, presidente de la Cámara de Comercio e Industria de Torrelavega

Durante años hemos analizado nuestra relación con Marruecos a través de episodios que parecían independientes: inmigración, Sáhara Occidental, fronteras, comercio o reivindicaciones sobre Ceuta y Melilla.

Sin embargo, quizá el principal error haya sido observar cada asunto de forma aislada. Cuando se unen las piezas aparece una estrategia económica, diplomática y geopolítica mucho más amplia, sostenida en el tiempo y dirigida a reforzar la posición marroquí en el Estrecho y en el Mediterráneo occidental.

Marruecos lleva años consolidando esa posición con una notable capacidad de planificación. Tanger Med es su mayor éxito. Frente a las costas españolas ha construido uno de los principales centros logísticos del Mediterráneo y, alrededor del puerto, un polo industrial capaz de atraer empresas internacionales de automoción, aeronáutica, textil, alimentación o logística. No hablamos únicamente de crecimiento marroquí, sino también de competencia directa con España por tráficos marítimos, inversiones y actividad industrial.

Ahora pretende reproducir ese modelo junto a Melilla. Nador West Med prevé operar entre finales de 2026 y comienzos de 2027, con una capacidad inicial estimada de 3,5 millones de contenedores anuales y posibilidades de ampliación. El propio proyecto reconoce entre sus objetivos reforzar el papel portuario de Marruecos en el Mediterráneo occidental y captar parte de la actividad marítima mundial.

Resulta difícil ignorar la geografía: Tanger Med junto al entorno de Ceuta; Nador West Med, a unos 50 kilómetros de Melilla. A ello se añade otro movimiento relevante. Marsa Maroc, principal operador portuario marroquí, ha acordado adquirir el 45% de Boluda Maritime Terminals por 80 millones de euros. La compañía marroquí no solo participa ya junto a Boluda en Nador West Med, sino que con esta operación entra también en terminales portuarias españolas.

Mientras Marruecos desarrolla grandes infraestructuras alrededor de Ceuta y Melilla, ambas ciudades han sufrido durante años importantes restricciones en sus relaciones comerciales fronterizas. Marruecos cerró unilateralmente la aduana comercial de Melilla en 2018 y posteriormente puso fin al comercio atípico que sustentaba parte de la actividad económica de las dos ciudades. Cada decisión puede tener una explicación concreta. Observadas conjuntamente, el resultado merece reflexión: Marruecos fortalece sus polos económicos mientras reduce progresivamente la función de Ceuta y Melilla como puertas comerciales hacia su territorio.

Pero la estrategia no parece limitarse a la economía. Un informe del Comité de Asignaciones de la Cámara de Representantes de Estados Unidos llegó a describir Ceuta y Melilla como ciudades «bajo administración española» situadas «en territorio marroquí» y alentó al secretario de Estado a promover un diálogo entre España y Marruecos sobre su futuro.

Conviene ser rigurosos: Estados Unidos no ha reconocido la soberanía marroquí sobre Ceuta y Melilla. Esa referencia aparece en un informe parlamentario que acompaña a un proyecto presupuestario y no tiene carácter vinculante. Pero sería ingenuo considerar irrelevante que semejante terminología haya llegado a un documento oficial del Congreso estadounidense. Especialmente cuando Marruecos acaba de reiterar que considera ambas ciudades un «derecho histórico y geográfico» y reclama abrir un diálogo con España sobre su futuro.

Estamos, por tanto, ante algo que trasciende dos ciudades. Marruecos está utilizando la economía, puertos, industria, inversión, relaciones internacionales y su posición estratégica entre Europa y África para incrementar su capacidad de influencia. No debemos reprochárselo. Está defendiendo sus intereses. La pregunta es si España está defendiendo los suyos con la misma visión a largo plazo.

Necesitamos una estrategia de Estado que fortalezca nuestros puertos y nuestra industria, reduzca dependencias estratégicas y convierta Ceuta y Melilla en verdaderos polos económicos europeos en el norte de África. Eso exige inversión, conectividad, incentivos empresariales, comercio, seguridad jurídica y una presencia más decidida de España y de la Unión Europea.

Por eso apoyar hoy a las empresas, autónomos y comerciantes de Ceuta significa mucho más que expresar solidaridad. Mantener un tejido empresarial fuerte es generar empleo y riqueza, pero también garantizar población, actividad y futuro.

Marruecos parece haber entendido que las fronteras del siglo XXI también se defienden con economía, inversión e influencia internacional. España debería entenderlo también.

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