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Opinión 08-11-2026 08:34

La muerte tenía un precio. ©Mariano Cabrero Bárcen es escritor

La muerte tenía un precio: las muertes de Urda (Toledo) y Ardamuz (Córdoba), a bordo de dos trenes españoles (más de cien muertos, que están en el limbo de los justos). ¡Son muchos los muertos que reclaman hambre y sed de justicia!

 

La muerte tenía un precio: las muertes de Urda (Toledo) y Ardamuz (Córdoba), a bordo de dos trenes españoles (más de cien muertos, que están en el limbo de los justos). ¡Son muchos los muertos que reclaman hambre y sed de justicia!

Oscar Puente, ministro de Transportes del gobierno de Pedro Sánchez, tras los acontecimientos pasados contaba con un recorrido político nulo, mírese como se mire. Cuando se marcha este caballero, favorece al PSOE, al que pertenece o pertenecía, teniendo menos autoridad propia fuera de él. Principio que se cumple en cualquier partido político.

Cierto es que su cese lo hizo a destiempo y de la peor manera, también. La dimisión, una decisión que sirve para demostrar dignidad y asunción de responsabilidad, ha quedado reducida a un simple movimiento, que se ejecuta tarde y como parte de una estrategia electoral.

El nacimiento de la democracia distributiva, que se hizo entre los años 80 y 90, introdujo tres ideas para concebir la democracia de nuestro tiempo: la transparencia, la rendición de cuentas y la responsabilidad de los hechos acaecidos en el ejercicio de cargos políticos.

El señor Puente era supuestamente el ministro dispuesto a meterse en todos los fangos estratégicos y tácticos que se produjeron, y que alimentaba a los extremadamente polarizados, pero que para nada gustaba a los ciudadanos

poco o nada polarizados, que son los que deben y pueden cambiar la orientación del voto.

E incluso, el señor Pedro Sánchez ensalzó el esfuerzo de ?Oscar? para superar los retos de dedicación, transparencia e integridad. Cierto es que todos los directores de campaña como los entrenadores deportivos necesitan una persona como ?Puente?, que asume las responsabilidades del conflicto cuando las cosas se ponen feas.

No me gustan los políticos ni como Puente ni como Tellado. Es un estilo que no comparto en la democracia, como tampoco me gustan los jugadores broncos, que existen en casi todos los equipos deportivos. Entiendo que la mayoría nos gusta el futbol o el baloncesto vistos con elegancia y deportividad.

Puente hizo la tarea que tenía encomendada: no hacer nada para resolver la problemática que están travesando los ferrocarriles españoles. Rindió cuentas y se rindió, pues no tenía otra salida.

En todo lo narrado están los muertos y los heridos, que evidencian la decadencia del poder público actual, facilitando una dimisión esperada, obligada y necesaria para el bien de España y de los españoles.

 

La Coruña, 7 de noviembre de 2026

©Mariano Cabrero Bárcen es escritor

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