LLAMAMIENTO A LA PAZ Por Juan Goti Ordeñana Catedrático jubilado de la Universidad de Valladolid
Tenemos que hacer referencia a la paz en estos tiempos críticos que estamos viviendo, ya que se ha planteado como problema ante la invocación que ha hecho el papa León XIV. Su exhortación parece que ha creado confusión sobre el verdadero sentido de la paz.
Tenemos que hacer referencia a la paz en estos tiempos críticos que estamos viviendo, ya que se ha planteado como problema ante la invocación que ha hecho el papa León XIV. Su exhortación parece que ha creado confusión sobre el verdadero sentido de la paz.
Respondiendo a los conflictos de estos momentos es adecuado el llamamiento a la paz que ha hecho el papa. Fue un requerimiento previo a la gira que iba a hacer por diversos países africanos. En primer lugar, esta invocación a la paz respondía a la situación política de las tierras que iba a visitar, aunque lateralmente ha servido de advertencia a otros Estados, ya que se dirigía a países nuevos en el concierto mundial de las naciones, y que aun, no se han asentado en esos países unos sistemas políticos eficaces, y las luchas para estabilizarse, todavía, están muy vivas. Por ello el papa hizo un alegato en favor de la paz frente a los gobiernos autoritarios, cuando no tiranos, que iba a encontrar en su viaje por África.
Pero esta llamada a la paz, más que en esos países africanos a repercutido en los países de la cultura europea. Y este eco tiene su razón de ser, porque algo que debería estar superado, después de la experiencia de las dos guerras mundiales, han surgido en los últimos años unas guerras totalmente rechazadas por los pueblos que tienen una gran experiencia en esta materia. La guerra es un mal y tiene una larga práctica, que la historia nos ha enseñado, pues la construcción y estructuración de Europa se realizó por medio de constantes guerras entre las distintas regiones, que a medida que se avanzaba eran cada vez más técnicas y destructivas, hasta que las últimas han convencido de que hay que buscar otro método para solucionar las diferencias.
A pesar de esto, las dos últimas guerras, en zonas de la antigua civilización, han despertado una gran inquietud, y la llamada a la una paz desde la altura de la autoridad del papa, indica que es para superar la tradición de las guerras, y que se pase a una época de búsqueda de acuerdos. La exhortación del papa no fue en una línea política, sino que quiso marcar la tradición de dos milenios de la doctrina de la Iglesia, advirtiendo que el poder de los estados tiene límites morales que todos deben respetar. Su doctrina no supone una opinión personal, pero inmediatamente han reaccionado diversos poderes.
El Gobierno español coincidiendo en esta exhortación a la paz, ha pretendido encontrar un apoyo a su disparatada actuación política, y como si hiciera referencia a la guerra de Irán, ha clamado por la paz, como si fuera el eslogan de su actuación política, mientras tanto prometía una gran cantidad de dinero a Ucrania para continuar con su estado de guerra, y a su vez ha metido en situación guerra a toda
la población. Cuando por otra parte, al querer aparecer ante Europa como adalid de la paz, ha solicitado romper las relaciones con Israel, lo cual supone, en algún sentido, no sólo estar comprometido con la guerra que se ha declarado en Oriente, sino querer meter a los demás en la línea de guerra que él ha decidido.
Pero más significativo ha sido el planteamiento de Donal Trump, llegando a caer en el ridículo con alguna imagen de sentido religioso, y un rechazo pleno a la exhortación del papa. La enseñanza del papa ha respondido a la doctrina tradicional de la Iglesia en esta materia, expuesto a través de dos mil años de historia, defendiendo que el poder del Estado tiene unos límites morales que ningún soberano debe traspasar. No se trató de una opinión particular, y no fue su deseo entrometerse en la política actual de los EEUU. Era una lógica exposición de la doctrina construida por los teólogos de la Iglesia, deducida de la enseñanza de Jesucristo. Su objetivo era exponer una doctrina olvidada desde que los políticos de la Ilustración apartaron la moral cristiana del sentir de los políticos.
Esta intervención del papa León XIV, fue una exhortación legitima de la tradicional doctrina cristiana, reiterando la enseñanza de la tradición de teólogos como Vitoria y Francisco Suárez y otros autores clásicos, advirtiendo que hay un orden moral que deben respetar los gobiernos. Enseñanza, a su vez, que fue clave para fundamentar la política de la democracia moderna. Al tiempo que se advierte, cómo por el olvido de este principio moral, se llegó en el siglo XX a una catástrofe histórica.
Todos recordamos los crímenes del nazismo, que fueron plenamente legales conforma a la legislación del Tercer Reich, pero contrarios a idea de moral que rige en la cultura europea. Por ello en los juicios que se celebraron en Núremberg en 1945, a los autores de aquellos crímenes no se les juzgó por las leyes positivas que ellos habían dictado, sino por la ley moral que está sobre los Estados. Por ello se les condenó por la comisión de crímenes contra la humanidad. La doctrina del positivismo jurídico se puso en crisis en ese juicio, no obstante, se ha seguido la deificación del Estado, y por ello vemos, con alguna frecuencia, pronunciarse por una legislación injusta, primando la utilidad personal a la de los pueblos.
Ante las guerras que se están llevando a cabo en estos momentos, el papa León XIV ha levando su voz vigorosa clamando por el fomento de la paz, instando a la comunidad internacional a redoblar esfuerzos para resolver los problemas mediante un diálogo. Su menaje repetido es muy deseado por los pueblos para que se fomente una situación de paz. Esto supone en los políticos inteligencia y sentido de servicio para el pueblo, lo que debe incluir un compromiso sincero por parte de todos los Estados.
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