Noticias de Cantabria
El criticón 29-11-2019 10:58

Los toros en nuestra Historia….

Pedro Arce Díez.- Todos sabemos que el mundo taurino hunde sus raíces en las más antiguas culturas mediterráneas; por ello, se han encontrado numerosos restos, como la iconografía existente en el palacio cretense de Knosos, con una antigüedad de cerca de cuatro milenios y donde ya existían fiestas taurinas y no olvidemos que la palabra “tauromaquia”, significa en griego “lucha con toros”, que quizás sea lo que representa esta imagen cretense…

Imagen parcial de la imagen taurina del palacio de Knosos, que nos recuerda a los “Forçados” portugueses

 

Hay quien afirma que esta imagen cretense del palacio de Knosos, representa simplemente una fiesta taurómaca, con unos gimnastas saltando sobre el toro. Sea como fuere, el mundo del toro sigue en nuestra cultura mediterránea, ya sea en la península ibérica o, incluso, en la vecina Francia y ha sido exportado culturalmente a los países hispanoamericanos.

Hace unos días, un periódico de tirada nacional nos informaba de que la fiesta de los toros en España se remontaba al siglo XVII, a tenor de la documentación hallada; en concreto, la cifraba ya en crónicas del año 1613.

Sin embargo, en el Norte de España ya hubo actividad taurina a principios del siglo XVI, tal como nos lo describe el cronista Laurent Vital, contándonos la llegada del joven Carlos de Habsburgo, futuro Carlos I de España y V de Alemania, a España en 1517, viaje que se ha estudiado poco y cuya Crónica tiene un interés especial.

Pues bien, en este viaje, hubo varios lugares que ofrecieron al joven Rey, como entretenimiento, actividades taurinas en Villaviciosa, San Vicente de la Barquera, etc., que el cronista narra de esta guisa, describiendo los toros en la villa marinera cántabra:

“Unos días después de haber llegado nuestro señor el Rey a dicho San Vicente, los de la villa mandaron cerrar un ruedo en medio de una ancha tierra llana, adonde dos veces al día la mar llegaba, para correr allí toros ante el Rey. Se celebró allí este entretenimiento una hora después de haberse retirado la mar. Entonces vi, por varias veces, a un mozo de Castilla, rápido y seguro de sí, el cual, a pie firme, esperaba a un toro excitado y en el más furioso estado que podía estar, que iba a todo correr para derribarle y matarle; y cuando este hombre veía que estaba tan cerca de él como para chocarle, se arrojaba por delante entre los cuernos del toro, luego de tal modo le abrazaba y apretaba el cuello con los brazos que, con la velocidad, el animal se llevaba al hombre encima de la cabeza y entre los cuernos. Mas, a fuerza de tenerlo apretado por el cuello, el toro quedaba obligado a caer con el hombre; pero éste, como bien advertido de su acción, en cuanto se sentía por tierra con el animal, se le ocurría mantenerle los cuernos contra ella hasta que él estaba levantado ya; luego, huía y se ponía en salvo antes de que el animal le hubiese vuelto a alcanzar para dañarle. Por esta causa fue tenido por hombre gallardo, valiente y muy agudo”.

Sucedió esto en los primeros días de octubre de 1517, durante la estancia de Carlos de Habsburgo, mientras se hospedó en el convento de San Luís, hoy convertido en un conjunto de ruinas, que se ha ido dejando caer con el tiempo.

Seguro que a muchos les recordará a los toros de Portugal, con los “Forçados”, que no llegan a matar al toro, después de que, en 1836, la reina doña María II, por influencia del marqués de Pombal, decretase la prohibición de dar muerte a los toros en la arena. O a los “recortadores” de alguna de nuestras ferias taurinas; y no digamos otras muchas costumbres y tradiciones taurinas en nuestra amplia piel de toro. ¡Cada cual que saque sus conclusiones!

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