Noticias de Cantabria
28-10-2014 19:04

Patrimonio de político

Cuando lee en la prensa, y no es la primera vez ni será la última, que algún político tiene la valentía de mostrar las cifras de su patrimonio, para que los españoles sepan cómo administra sus bienes, es como para acompañarle en su risa. Después de tanto tiempo de ejercicio se acuerdan que deben ser honestos.

Cuando lee en la prensa, y no es la primera vez ni será la última, que algún político tiene la valentía de mostrar las cifras de su patrimonio, para que los españoles sepan cómo administra sus bienes, es como para acompañarle en su risa. Después de tanto tiempo de ejercicio se acuerdan que deben ser honestos. Cuando entraron en la vida política, un tanto por ciento elevadísimo estaban con una mano delante y otra detrás. ¿Qué patrimonio tenían antes de ejercer? Quién lo sabe. Publicar esto ahora no parece serio. Lo que hace la política, al menos la española de la época democrática, no lo hace ninguna profesión habitual: enriquecer a quien la ejerce. Se está viendo.

No posible que se acumulen patrimonios con seis dígitos, cercanos a los siete, partiendo del sueldo, como base, que dicen que ganan, porque la risa se amplía con el desencaje de mandíbula cuando al famoso sueldo se añaden dietas, especies y muchos etcéteras, que un trabajador normal no disfruta. No cuadra nada, es imposible que cuadre, pues hasta un niño se daría cuenta de ello, si le pusieran a hacer lo mismo que cualquier persona, bien con papel y lápiz, o bien con calculadora. Se trata de operaciones aritméticas simples, tales como sumar, restar, multiplicar o dividir.

Los políticos saben, les ha llegado a sus oídos, que algunos de los votantes lo hacen, pero no les ha llegado a preocupar, hasta ahora les ha salido bien con el desconocimiento de no saber hasta cuándo. El primer pensamiento que uno tiene, de buena fe, al leer las cantidades de marras es que han heredado de sus familiares, no pueden haber ahorrado cantidades tan lujuriantes. Pero, ¿todos los políticos han tenido, o tienen, familiares tan afortunados? El segundo pensamiento es que a todos juegan a algún sorteo diario, y les ha tocado. Todo resulta como muy raro.

Nadie, excepto ellos, con las prebendas que disfrutan, y como servicio al Estado, tienen un acumulado patrimonio democrático, y que muchos querrían para sí. Los datos económicos de los políticos que han publicado sus abultados patrimonios es algo que daña a la inteligencia. Todo lo que percibe un político español no está sujeto a retención. No tiene que cotizar a la Seguridad Social porque su futura pensión siempre será superior a la máxima permitida por ellos para los demás. No les afecta los recortes que legislan ni las subidas de la bolsa de la compra, ni el Tribunal de Cuentas, ni Hacienda. No les afecta absolutamente nada. Todo el dinero que ingresan en su banco es limpio. No tienen gasto alguno. Todo es gratuito total. Todo está pagado, incluso los vicios, por los contribuyentes.

La incongruencia es que se pague por un servicio, que no cumplen, léase programa electoral, en el que su labor fundamental es legislar, para los demás, no para ellos, por estar aforados, incluyendo a personas con ínfimos estudios, pero necesarios para que su dedo teclee, para que haya quorum, aunque a veces se confundan, ¿adrede para despistar, que salte la polémica, sin trascendencia? Y toneladas leyes inservibles, inutilizables, que no tienen salida por lo mal que están redactadas.

La regeneración democrática, no puede ser de otro modo, debe empezar con la devolución de los patrimonios políticos acumulados en estos casi cuarenta años. Su trabajo debe ser de cinco días a la semana durante once meses. Los desplazamientos por aire, carretera, ferrocarril en deben ser en clase turista. Se deben retirar los coches oficiales. Se deben retirar los iPhone, iPad, Modem 3G, ADSL en domicilio, que pagan los contribuyentes. De esta manera ya verían si su patrimonio tendría las cifras que tiene. ¿Para qué quieren tanto si no les va a dar tiempo a gastar?

Han vivido bien: comidos, bebidos, alojados, viajados, enviciados, y gratis. Algún parlamentario, desde 1978, viene pagando su partido político, una suite en el Hotel Westin Palace de Madrid, donde pernocta tres días a la semana. Un despilfarro a la vista, aunque permitido por los españoles.

 

 

 

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