SINISTRISMO Por Juan Goti Ordeñana Catedrático jubilado de la Universidad de Valladolid
Hoy vamos a hablar del «sinistrismo», idea tan necesaria para interpretar debidamente el curso de la historia política de la edad contemporánea. Puede parecer extraño el título de «sinistrismo», muchos lo calificarán de neologismo, pero no, es el término clásico latino para designar el desastre de la izquierda que nos ha gobernado. Y parece apropiado, en estos tiempos, para designar la revolución que han causado los partidos de izquierda-sinistra, con los cambios sustanciales que han pretendido hacer con sus ideologías. ¡Advertid los límites de destrucción de la sociedad a que han llegado el «sinistrismo» o izquierdismo!
Si observamos las ideas y los partidos políticos de los dos últimos siglos veremos lo que es la idea «sinistrismo», tan necesaria para comprender rectamente la historia política de esta era contemporánea que estamos viviendo. Thibaudet, que utilizó por primera vez esta calificación, reconoce que «desde la Revolución Francesa, y por extensión la europea ha estado marcada por un movimiento sinistrógiro». Lo cual es fácil de comprender al revisar la historia de estos siglos, dado que todas las fuerzas políticas se germinaron en la izquierda del mundo político, y desecharon descalificando despreciativamente todas aquellas derechas que guardaban alguna nota de orden y tradición.
Durante los siglos XIX y XX la izquierda conquistó la intelectualidad y la política, dominando la enseñanza de todo el proceso de la historia y la cultura, despreciando y minusvalorando el espacio de la derecha, que quedó reducida a pequeños grupos y calificada de reaccionaria o marginal, arrastrados por la fuerza con que había surgido la política de la izquierda. Así afloró una ideología siniestra que se adueño de los valores, de las ideas, del leguaje y hasta la estética de la sociedad que ha ido creando. La aparición del socialismo o cuestión social les dio aliento para apoderarse de la población menos considerada, y supo ir coloreándose de tonos liberales, pues estos estuvieron dispuestos a tolerar influencias del «sinistrismo».
Es evidente que la teoría del «sinistrismo» es una fórmula adecuada para interpretar el curso general de la historia política europea de los siglos XIX y XX, y lo que llevamos de éste. Pero ha llegado el momento en el que podemos observar el agotamiento de todo este sistema, y que ha comenzado un proceso de degradación de la izquierda, así como un cansancio de la sociedad de la dominación de estos partidos, que no han hecho más que destruir la convivencia de las sociedades europeas. Ya podemos advertir el agotamiento de su historia, y la consunción de estas ideologías que no han creado una sociedad humana, sino una explotación inmoral de la economía.
En el imaginario «sinistrismo» han llegado a crear una idea de la derecha portadora de un virus, que justifica el establecimiento de cordones sanitarios, o de murallas para prevenir contagios. Con ello han creado la figura de odio (hodio) en el código penal, para poder repudiar con una acusación genérica todo aquello que no agrada a esta izquierda soberbia. Haciendo referencia a esto dice Raymon Aron: «El fenómeno decisivo son los odios abstractos, los odios de algo que no se conoce y sobre lo que se proyectan todas las reservas de odio, que los hombres llevan en el fondo de sí mismos». Aunque no lo definan, sin embargo, se trata de ideas abstractas que pueden utilizar, cuando rechazan algo.
Con esta imaginación la izquierda-sinistra se ha creado el mundo de las fobias, por el que se designa el culpable perfecto: este es, el hombre blanco causante de todo lo malo que existe, del colonialismo que ha sido causa de la esclavitud y de un machismo con objeto de dominio de la mujer. El hombre blanco y occidental, calificado de chivo expiatorio, es designado como el enemigo de la humanidad, explotador, racista y esencialmente violador. Con lo que toda la cultura occidental que ha dado vida a esta sociedad es descrita como satanización.
La figura de partido que encarna este «sinistrismo» en España, la ha protagonizado el partido socialista, que, en sus orígenes, demostró una incapacidad de asimilarse al pueblo español, por lo que su personalidad no apareció hasta el acuerdo de San Sebastián en agosto de 1930, donde decidió dar un golpe de estado, que no pudo llevarlo a cabo hasta la elecciones municipales de 1931. Donde mostró y consiguió suficiente decisión para quemar Iglesias y matar cristianos, por lo que perdió el Gobierno en 1933. Promoviendo en 1934 aquel levantamiento con Largo Caballero, que fracasó. Luego fue oposición hasta las elecciones de febrero del 1936, en que volvió al poder, para marcar el mayor desastre que llevó al levantamiento de julio. Esa ha sido su historia, hasta que en Suresnes un grupo quiso renovar el socialismo, y llegaron al poder en 1982. La intención de renovar fue interesante, pero llegado al poder no perdió el ideal de aquel socialismo original, y en su última etapa mostró la incapacidad de responder a una sociedad democrática, por los fallos que demostró. La sucesión que ha tenido con Zapatero y Sánchez se ha demostrado el carácter más negro de ese «sinistrismo».
En estos momentos podemos señalar el estado de agotamiento del proceso al que ha llegado, así como a un cansancio por carecer de toda idea de evolución de la sociedad. Fue sustancialmente, cuando nació, un movimiento contestatario de carácter generacional, basado en una forma de inconformismo juvenil, como demostró Zapatero con su manifestación de charlatán, que claramente mostró el sentido irracional de su «sinistrismo», ya en su fase decadente. Llegando con Sánchez a una situación incoherente y sin sentido de gobierno de una nación.
La vía irracional que marcaron, se dirigió a un irracionalismo delirante, y a proponer engendros ideológicos como la teoría de género y trans, el movimiento woke, contrario a la cultura europea, a conceder la nacionalidad española a todo el mundo, la ley de nietos, etc. Ha querido crear una sociedad imaginada, como dijo Zapatero, en las nubes.
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