Cuando el cribado funciona: lecciones del programa vasco de cáncer colorrectal. Javier Crespo Médico.
Hay trabajos científicos que aportan conocimiento. Otros, además de generar evidencia, nos obligan a revisar lo que hacemos y a preguntarnos cómo podemos hacerlo mejor. El estudio que Bujanda y colaboradores acaban de publicar en JAMA Network Open pertenece, sin duda, a este segundo grupo (1).
Hay trabajos científicos que aportan conocimiento. Otros, además de generar evidencia, nos obligan a revisar lo que hacemos y a preguntarnos cómo podemos hacerlo mejor. El estudio que Bujanda y colaboradores acaban de publicar en JAMA Network Open pertenece, sin duda, a este segundo grupo (1).
En primer lugar, felicitar a sus autores y, por extensión, a todos los profesionales que durante más de quince años han hecho posible el Programa de Cribado de Cáncer Colorrectal de Euskadi. No es frecuente disponer de una evaluación poblacional de esta magnitud, realizada sobre una población de aproximadamente 2,2 millones de habitantes y con 21 años de seguimiento, que permita analizar no sólo los indicadores intermedios del programa, sino también su asociación con el desenlace que realmente importa: la mortalidad por cáncer colorrectal (CCR).
Los resultados son extraordinarios. Entre 2004 y 2024, la mortalidad estandarizada por CCR disminuyó un 29,6% en el conjunto de la población vasca y un 50,1% entre las personas de 50 a 69 años, grupo inicialmente incluido en el programa de cribado. En este último grupo, la tasa descenció de 39,7 a 19,8 muertes por 100.000 habitantes. El análisis de regresión segmentada identificó un cambio significativo de tendencia alrededor de 2012, tres años después del inicio del programa, y el análisis contrafactual estimó que, en 2024, la mortalidad observada fue un 46,2% inferior a la esperada si se hubiera mantenido la tendencia previa. Además, el 70,8% de los CCR detectados mediante cribado se encontraban en estadios I-II (1).
Como señalan acertadamente los autores, y subraya Uri Ladabaum en el comentario editorial que acompaña al artículo, se trata de un estudio observacional y, por tanto, sus resultados no permiten atribuir causalmente al programa de cribado toda la reducción de mortalidad observada. Durante el periodo analizado también se produjeron avances relevantes en el diagnóstico, la cirugía y los tratamientos oncológicos. Sin embargo, la magnitud de la asociación, su coherencia temporal y, sobre todo, su concordancia con la evidencia previa hace muy difícil considerar marginal la contribución del cribado. Ladabaum califica, de hecho, el programa vasco de cribado mediante test inmunoquímico fecal (FIT) como «ejemplar» (2).
Cantabria puso en marcha su Programa de Detección Precoz del Cáncer Colorrectal a finales de 2008, pocos meses antes de que Euskadi iniciara su fase piloto, en marzo de 2009 (1, 3, 4). Sin embargo, mientras Euskadi alcanzó la cobertura completa de su población diana en 2014, la propia Consejería de Salud de Cantabria sitúa en 2017 la extensión del programa al 100% de los residentes de 50-69 años. Haber comenzado antes no se tradujo, por tanto, en un despliegue más rápido de un programa poblacional plenamente implantado.
Las diferencias observadas posteriores son todavía más elocuentes. En Euskadi, la participación se mantuvo de forma sostenida en torno al 70% entre 2009 y 2024 y fue aproximadamente del 71% en 2024.
La adherencia a la colonoscopia tras un FIT positivo permaneció por encima del 91% durante todo el periodo, incluso en los años de la pandemia (1,3). En Cantabria, en cambio, el informe oficial correspondiente a 2024 ofrece una fotografía claramente menos favorable. Participó el 51,5% de la población invitada. De las 920 personas con una prueba positiva a las que se indicó una colonoscopia, 719 llegaron a realizársela, lo que representa una aceptación del 78,1%, inferior al objetivo del 85% establecido por el propio informe. Además, el 63,3% de los participantes esperó más de 30 días para realizarse la colonoscopia y, entre los 20 cánceres diagnosticados aquel año (una cifra reducida que obliga a interpretar este indicador con prudencia), el 40% inició el tratamiento después de más de 30 días. Trece de los 20 tumores, el 65%, se diagnosticaron en estadios I-II (4).
No se trata de diferencias menores. El cribado mediante FIT no concluye con el análisis de una muestra de heces. Constituye una cadena asistencial que comienza con la identificación e invitación de la población diana, continúa con la participación efectiva y sólo alcanza plenamente su finalidad cuando un resultado positivo conduce a una colonoscopia de calidad, realizada en un plazo razonable, y, cuando procede, al tratamiento correspondiente. Cada eslabón condiciona la efectividad del conjunto. La evidencia disponible muestra con claridad las consecuencias de interrumpir esa cadena. En una cohorte italiana de más de 110.000 personas con un FIT positivo, quienes no completaron la colonoscopia tuvieron aproximadamente el doble de riesgo de morir por CCR que quienes sí la realizaron (HR ajustada 2,03; IC95%, 1,68-2,44) (5).
Pero sería injusto ignorar la evolución más recientemente del programa en Cantabria. En 2025 se produjo una recuperación significativa de la actividad. Según los datos provisionales publicados por la Consejería de Salud en marzo de 2026, se invitó a participar a cerca de 100.000 personas, se obtuvieron 2.778 pruebas positivas, se realizaron 1.848 colonoscopias y se diagnosticaron 37 CCR. Sin embargo, el aumento de actividad todavía no se ha traducido en una mejora sustancial de la participación, que se situó en el 50,42%. La propia Consejería ha establecido para 2026 el objetivo de superar el 65% (6).
El problema, por tanto, no parece residir en el desconocimiento de lo que debe hacerse. Los elementos que definen un programa de cribado eficaz se conocen desde hace años. Tampoco parece razonable atribuirlo a diferencias biológicas entre la población vasca y la cántabra ni, por supuesto, a un funcionamiento distinto del FIT a uno y otro lado del límite autonómico. La diferencia fundamental parece radicar en la capacidad de transformar un programa teóricamente bien diseñado en un verdadero programa poblacional de alta calidad, estable y sostenido en el tiempo. Para ello no basta con disponer de una prueba de detección adecuada, se necesitan recursos y organización. Se requieren sistemas de información capaces de identificar a la población diana, gestionar las invitaciones, emitir recordatorios y garantizar el seguimiento individual de cada participante. También son necesarias estrategias de comunicación y educación sanitaria que favorezcan una participación informada. Del mismo modo, debe existir una capacidad endoscópica suficiente para asumir, sin demoras innecesarias, las colonoscopias derivadas de los resultados positivos, un aspecto particularmente crítico en el Hospital Universitario Marqués de Valdecilla. La necesidad de una nueva Unidad de Endoscopias se planteó ya en el año 2010 y, más de quince años después, continúa pendiente de materializarse. Finalmente, se precisan profesionales
adecuadamente coordinados y con tiempo específicamente asignado al programa, para evitar que cualquiera de sus etapas se convierta en un cuello de botella.
Y no se trata únicamente de cuánto se invierte en sanidad, sino de dónde se invierte, con qué prioridad, con qué continuidad y con qué capacidad de transformar los recursos en resultados. El programa vasco proporciona señales muy claras sobre la dirección que debería seguir esa inversión: un registro poblacional específico, historias clínicas electrónicas centralizadas, una participación elevada y sostenida, una adherencia superior al 90% a la colonoscopia tras un FIT positivo y una evaluación sistemática de sus resultados.
No podemos establecer cuánto de las diferencias entre Euskadi y Cantabria corresponde a instalaciones, equipamiento, organización o dotación de profesionales. Para ello sería necesaria una evaluación comparativa formal de recursos, procesos y costes. Sí podemos afirmar, sin embargo, que la capacidad operativa demostrada por ambos programas durante estos años ha sido muy diferente. El artículo de Bujanda y colaboradores debería servir, por tanto, para dos cosas. La primera, para felicitar a nuestros colegas vascos. Han conseguido algo más importante que publicar un excelente trabajo en JAMA Network Open: han construido y sostenido durante años el programa que ha permitido obtener esos resultados. La segunda, para examinar con la misma exigencia la situación de Cantabria. Nuestra comunidad comenzó antes el cribado, dispone de un sistema sanitario público de calidad y ha demostrado capacidad para desarrollar programas poblacionales excelentes. Sin embargo, después de más de quince años de programa, una participación situada todavía alrededor del 50%, una aceptación de la colonoscopia del 78% en el último informe anual completo disponible y las demoras documentadas no pueden considerarse resultados satisfactorios (4,6).
La respuesta no debería consistir en buscar explicaciones complacientes ni en señalar responsabilidades individuales. Debería ser más sencilla y pragmática: analizar qué recursos necesita el programa, identificar cada uno de sus cuellos de botella y realizar las inversiones necesarias para corregirlos. Porque quizás el hallazgo más importante del trabajo vasco no sea demostrar que el cribado mediante FIT se asocia con una reducción de la mortalidad por CCR. La evidencia previa ya lo mostraba. Lo verdaderamente relevante es mostrar hasta dónde puede llegar un programa poblacional cuando está bien organizado, adecuadamente dotado, evaluado de forma continua y sostenido durante años.
Cantabria no necesita volver a demostrar que el cribado funciona. Necesita conseguir que funcione con la misma intensidad, la continuidad y calidad necesaria para beneficiar a toda su población.
Referencias
1. Bujanda L, Val B, Portillo Villares I, Idigoras-Rubio I, Banales JM, Gutierrez-Stampa MA, Lopez de Munain A, Audicana C, Calleja O, Cubiella J, Izquierdo-Sanchez L. Colorectal Cancer Mortality Following an Organized Fecal Immunochemical Test?Based Screening Program. JAMA Network Open. 2026;9(8). doi:10.1001/jamanetworkopen.2026.26951.
2. Ladabaum U. The Impact of Screening on Colorectal Cancer Mortality. JAMA Network Open. 2026;9(8). doi:10.1001/jamanetworkopen.2026.26848.
3. Gobierno Vasco. Departamento de Salud. Salud Pública y Adicciones. Informe 2024. Programa de Cribado de Cáncer Colorrectal. Resultados 2009-2024.
4. Gobierno de Cantabria. Dirección General de Salud Pública, Consejería de Sanidad. Programa de Detección Precoz del Cáncer Colorrectal en Cantabria. Informe del año 2024.
5. Zorzi M, Battagello J, Selby K, Capodaglio G, Baracco S, Rizzato S, Chinellato E, Guzzinati S, Rugge M. Non-compliance with colonoscopy after a positive faecal immunochemical test doubles the risk of dying from colorectal cancer. Gut. 2022;71(3):561-567. doi:10.1136/gutjnl-2020-322192.
6. Consejería de Salud, Gobierno de Cantabria. ?No duele, no lleva tiempo y no necesitas tener síntomas? para prevenir el cáncer de colon, el tumor más frecuente y el más fácil de evitar desde casa. 30 de marzo de 2026. Datos provisionales del Programa de Detección Precoz de Cáncer Colorrectal correspondientes a 2025.
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