Dimite Starmer: crónica de una caída política anunciada
El principal favorito a sucederle, Andy Burnham, da el paso el mismo día que asume como diputado en Westminster
MADRID, 22 (EUROPA PRESS)
El primer ministro de Reino Unido, Keir Starmer, ha puesto fin este lunes con su dimisión a la larga crisis que azotaba su mandato, tras ceder a las presiones internas por falta de liderazgo, sus cambios continuos de posición y varias polémicas en su gabinete, además de una serie de debacles electorales que han precipitado su caída en pleno auge de la ultraderecha de Reform UK, que lidera Nigel Farage.
Starmer acaba siendo una nueva pieza que se cobra la voraz política británica, que ha triturado a seis líderes en la última década, cuando este martes se cumplen diez años del referéndum para la salida del país de la Unión Europea.
En una alocución desde Downing Street y tras reivindicar los cambios iniciados desde 2024, cuando arrasó en las elecciones generales abanderando la vuelta de la decencia a la política británica tras la convulsa etapa de Boris Johnson y el desacierto de sus sucesores 'tories' Liz Truss y Rishi Sunak, ha anunciado su dimisión al frente del Ejecutivo británico, que se hará efectiva a finales de julio cuando concluya el proceso interno en el Partido Laborista que arranca formalmente el 9 de julio.
"Es la conclusión de una historia que estaba ya anunciada desde hace varios meses, de la constante fuga de credibilidad respecto a su gente, los militantes del Partido Laborista y los representantes políticos del partido pero también respecto a la sociedad británica", sostiene Moisés Ruiz, profesor de Comunicación y Liderazgo Político en la Universidad Europea, quien considera que Starmer es una nueva víctima del "desastre" del Brexit, un proceso que a su juicio ha sumido en la confusión, la incertidumbre y la decepción a la ciudadanía británica.
Así, llega a hablar del líder británico como "un cadáver político desde hace meses". "Estaba enrocando en una posición mientras que desde el propio Partido Laborista le estaban reclamando la dimisión. Ya no lideraba, no había ninguna confianza ni credibilidad, tanto en sus formas como en sus decisiones", resume.
VICTORIA ELECTORAL APLASTANTE EN 2024
Starmer, que llegó con el impulso de una mayoría aplastante tras lograr 412 escaños, frente a 121 del Partido Conservador --siendo este el peor resultado de la formación en su historia moderna--, pronto tuvo que afrontar críticas a la falta de rumbo ideológico y de carisma político y fue encadenando distintas crisis que han dañado su imagen como líder.
Considerado del 'ala blanda' de la izquierda del Partido Laborista, los problemas empezaron a surgir al poco de llegar al puesto. En un primer momento, su estrategia de recortes sociales, que tuvo que revertir ante las críticas en sus propias filas, o su mano dura con la migración son cuestiones que no se terminaron de entender en el seno laborista, con la impresión de que el primer ministro no encontraba su tono y que contaba con una representación en Westminster muy por encima de su popularidad.
Todo en un escenario político británico endiablado marcado por el auge de Reform UK, el partido de Farage, uno de los principales artífices del Brexit y que ganaría las elecciones en Reino Unido si se convocaran próximamente, según las últimas proyecciones en intención de voto.
CASO EPSTEIN
A las posiciones indecisas y poco firmes de Starmer se le sumaron los tentáculos del caso del delincuente sexual Jeffrey Epstein, después de que saliera a la luz las relaciones de su exembajador en Estados Unidos Peter Mandelson con el multimillonario, así como numerosas sombras respecto al proceso de elección del propio político como representante diplomático en Washington. El primer ministro se vio obligado a pedir disculpas públicas por la confianza depositada en Mandelson, mientras que poco después el foco se puso en las irregularidades y falta de revisiones para nombrarle embajador.
Con la imagen muy deteriorada, el escándalo se llevó por delante a su jefe de gabinete, Morgan McSweeney, y varios cargos del Ministerio de Exteriores, mientras crecían las críticas internas y el líder del Partido Laborista escocés, Anas Sarwa, pedía que diera un paso al lado al considerarlo un estorbo a la labor del Ejecutivo.
En todo caso, el elemento que ha determinado su marcha llegó el pasado 7 de mayo tras la debacle laborista en las elecciones locales, en la que la crisis se hizo patente con la pérdida de cientos de concejales por toda Inglaterra, incluyendo en fortines como Birmingham, e importantes retrocesos en los parlamentos de Escocia y Gales, quedando lejísimos del porcentaje de voto de las elecciones generales de 2024.
Así las cosas, el desplome electoral no hizo sino acelerar el debate sobre la sucesión con la revuelta de decenas de diputados y cargos del Gobierno que pidieron la salida de Starmer y la apertura de un proceso interno, con la figura del ministro de Sanidad Wes Streeting como principal crítico en el gabinete mientras que los focos empezaban a mirar al norte, donde el alcalde de Gran Mánchester, Andy Burnham, se postulaba para las elecciones parciales en Makerfield, no sin antes un tira y afloja con la dirección del Partido Laborista por una candidatura que de fructificar abría el escenario de unas primarias, que exigen que el candidato sea miembro del Parlamento británico y recabar 80 apoyos.
Llegado este punto tampoco ayudó que el ex primer ministro Tony Blair afeara la falta de rumbo del jefe del Ejecutivo, asegurando que carecía de un plan claro de gobierno y sumándose a las voces que pedían un debate interno en el laborismo para "elegir una dirección".
De este modo, el escenario político vertiginoso se ha precipitado en las últimas semanas con una nueva dimisión de peso en el seno del Gobierno, la de John Healy, titular de Defensa, que adujo diferencias con Starmer sobre los planes de gasto militar, en un momento en el que la seguridad y defensa ha escalado a lo alto de la agenda política.
Todo como preámbulo de las elecciones de Makerfield la pasada semana que, lejos de ser una disputa local, han terminando catapultando a Burnham como figura del laborismo llamada a revertir el declive del Ejecutivo y revitalizar al partido en pleno apogeo de Farage. Su favoritismo se ha visto refrendado después de que Streeting, haya confirmado este mismo lunes que no concurrirá a las primarias y haya brindado su apoyo a Burnham.
Según Moisés Ruiz, Burnham emerge "con mucha fuerza" tras su triunfo en las elecciones parciales, lo que ha generado "confianza" en los descontentos y elevado la presión hasta un punto que era inasumible para el primer ministro. "Los laboristas ya han visto que hay un candidato visible y que puede recuperar los votos perdidos", sostiene.
El propio Streeting ha indicado que los comicios en Makerfield han evidenciado que el Partido Laborista todavía puede ganar "si tiene el valor de cambiar". "Fue una victoria de la unidad y la esperanza sobre la división y el odio. También fue una victoria de Andy Burnham", ha indicado, para recalcar que sus ideas tienen cabida bajo el liderazgo del exalcalde de Mánchester. Queda por ver en todo caso, si la crisis del laborismo británico se debe a una simple cuestión de carisma y se resuelven con un cambio de cara, puesto que a Burnham se le atribuyen posiciones políticas similares a las de Starmer.
A juicio del profesor de la Universidad Europea, la crisis política en Reino Unido solo se puede afrontar desde el liderazgo de un político "con visión, carismático y que arrastre a la población hacia la toma de decisiones correctas", al tiempo que recuerda el "tremendo error" de la salida de Reino Unido de la UE y que los indicadores económicos y sociales son peores que hace diez años.
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